Velación antigüeña, tradición de siglos que sigue tan viva como la fe

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Amafredo Castellanos

Ciudad de Guatemala, 10 mar (AGN) – Miles de personas caminaron en grupos de amigos y familia en la Antigua Guatemala y otros emprendieron su propia peregrinación desde la capital y otros puntos del país para converger en la velación de Jesús Nazareno de la aldea Santa Ana, en la colonial ciudad, durante el día y la noche del viernes.

A esta velación en particular asistía el Hermano Pedro, de acuerdo con el cronista franciscano Fray Francisco Velásquez de Herrera, en su obra Vida y Virtudes del Hermano Pedro. Esto fue por el año de 1660.

“Jamás olvidaba hacer su visita a Jesús de Santa ana, antes de media noche del Jueves Santo, cuando permanecía en velación, previo a la procesión del Viernes Santo, por la entonces Villa de Santa Ana”, consigna la obra de Velásquez de Herrera, cuya versión original se encuentra en México.

Actualmente, la velación de Santa Ana es de las más concurridas, por el cuidado y dedicación que la Hermandad pone en el montaje del altar de velación, compuesto por una alfombra de delicados relieves, un huerto con frutas diversas y flores, velas, incienso y, en el fondo, la consagrada imagen del Nazareno como centro de un mensaje bíblico escenificado por personajes alrededor de la vida, pasión, muerte y resurección de Jesús y dinamizado con sonido y efecto de luces.

La velación representa el acto litúrgico previo a la procesión del Nazareno que tendrá lugar el domingo siguiente. En el caso del Nazareno de Santa Ana, la velación del cuarto viernes de Cuaresma, antecede a la procesión del domingo, según un orden establecido históricamente por la Iglesia en La Antigua Guatemala.

La escena representada en esta ocasión en la velación de Jesús de Santa Ana fue la de Exequien en el valle de los huesos (Ezequiel 37:1-14).