Fútbol mundial celebra cumpleaños del Mágico González

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Por Charly Morales Valido

San Salvador, 13 mar (PL) Jorge ”El Mágico” González, leyenda viva del fútbol salvadoreño y mundial, celebra hoy su cumpleaños 60 entre tributos, partidos con amigos y viejas estrellas, y el cariño de su país.

 

Blanco en canas y con el rostro curtido por tantos excesos, el Mágico aparenta más edad de la que tiene, pero conserva su vitalidad y el carisma que lo consagró con el FAS salvadoreño y el Cádiz de España.

Maradona solía decir que el gambetero salvadoreño era mejor que él cuando estaba en su apogeo, pero no solo en habilidades superaba González al Pibe de Oro: adicto a la noche, al ‘Mago gaditano’ no le quedó nada por probar.

‘La noche hay que respetarla, es un asunto serio. Hay que saber andar en la noche. Es un arte’, solía decir el jugador, quien nunca aspiró a ser un ejemplo para nadie, y vivir a su manera.

Quizás su origen humilde lo llevó a aplicar un ‘carpe diem’ en aquella España que sublimaba ‘el destape post-franquista’ y tenía una movida que trascendía Madrid, con demasiadas tentaciones para el joven salvadoreño.

‘En mi país, los futbolistas salimos de los terrenos baldíos, de las canchitas, y de repente vienes a Europa: es como ir a la universidad sin antes pasar por la escuela’, contaba.

También conocido como ‘el último de los Pachines’, González creó gambetas emblemáticas como la ‘culebrilla macheteada’ que luego hizo suya Ronaldhinho Gaucho, y aunque le llovieron jugosas ofertas le fue fiel al Cádiz.

De hecho, reconoció que jugó mal a propósito un partido que era observado por reclutadores del club italiano Atalanta de Bérgamo, porque no quería irse de Cádiz, equipo al que consideró una especie de universidad.

‘No me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme’, aseguraba el delantero, quien aprendió a driblear porque era tan flaco que necesitaba evitar los choques.

Para el Mágico, ser salvadoreño es una felicidad: aquí incluso le pusieron su nombre a un estadio, pero vive de forma austera porque dilapidó lo mucho que ganó, y ahora quisiera aunque sea tener un prostíbulo, dice.

Al cumplir 60 años de edad, González asegura que le gustaría reencarnar en sí mismo, pero con más sentido de la responsabilidad: nunca tuvo un manager que le forzara a ser más profesional, y le costaba entrenar a diario.

Como sea, el más grande futbolista salvadoreño de todos los tiempos no se arrepiente de nada, porque todo forjó su leyenda y personalidad, y disfruta una vida en la que nada le sobra, pero tampoco le falta.

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