Cuarto domingo de Cuaresma en aldea Santa Ana de La Antigua Guatemala, encuentro con la historia

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CRÓNICA

Amafredo Castellanos / Foto: Rubén Castellanos, Daniel Rosales

Ciudad de Guatemala, 13 mar (AGN).- De acuerdo con la tradición, heredada desde la Colonia, el cuarto domingo de Cuaresma salió de su templo, en la aldea Santa Ana de La Antigua Guatemala, el Nazareno de la Dulce Mirada, acompañado por la imagen de la Virgen Dolorosa, la madre que, con una daga que atraviesa su pecho, muere a cada paso al ver cómo su Hijo desfallece lacerado y humillado camino al Calvario.

Ambas imágenes fueron consagradas en recordadas misas oficiadas por el obispo auxiliar emérito de la Arquideósesis de Santiago de Guatemala y vicario episcopal de Sacatepéquez, monseñor Ramiro Pellecer, en 2001 y 2016, respectivamente.

La procesión de Santa Ana “gusta por su simplicidad agraria”, escribió el poeta antigüeño Luis Cardoza y Aragón al recordar el cuarto domingo de Cuaresma de su infancia. En estos tiempos, el trabajo constante e infatigable de la Hermandad del Nazareno permite que aquella imagen de “simplicidad agraria” que inspiró al poeta se haya transformado. Hoy, la procesión de Jesús de Santa Ana es, más bien, un cortejo solemne, imponente y seductor, porque toda la comunidad se une para recibirlo, una vez al año, al salir de su templo para recorrer las calles de la aldea antes de emprender su devota ruta hacia La Antigua.

Pese a su solemnidad, no deja de ser una procesión que representa un encuentro con la historia. El Nazareno es con certeza, de acuerdo con investigaciones recientes realizadas por Joaquín Márquez Rodríguez, de la Universidad Pablo de Olavide, en Madrid, España, una de las primeras que llegaron al entonces Reino de Guatemala (1527) procedente de las costas españolas.

Según el experto, “uno de los primeros destinos a los que llegaron las obras creadas en los talleres sevillanos fue Santiago de los Caballeros de Guatemala”. Santiago fue fundada el 25 de julio de 1524, día que la Iglesia celebra al apostol Santiago, en Iximché, entonces capital de la etnia maya kaqchiquel. Más tarde, en 1527, se traslada al Valle de Almolonga (hoy Ciudad Vieja), pero una inundación destruye la ciudad en 1541, lo que determina que en 1543 Santiago vuelva a ser trasladada, esta vez al Valle de Panchoy (hoy La Antigua Guatemala).

Antes del asentamiento de la capital del Reino en el Valle de Panchoy, el presbítero Juan Godínez fundó alrededor de 1538 un oratorio en Las Milpas de Santa Ana, que posteriormente se elevó a la categoría de ermita. De ahí que Santa Ana es reconocida hoy como primera ermita de La Antigua Guatemala.

Godínez, capellán de las tropas españolas, aparece citado en muchos relatos de la Colonia. El cronista Bernal Díaz del Castillo refiere que fue el primero en oficiar una misa en territorio centroamericano frente a la imagen de Nuestra Señora del Socorro (actualmente venerada en la Catedral Metropolitana de Ciudad de Guatemala), el 25 de julio de 1524. La imagen es conocida como La Conquistadora.

El cortejo del pasado cuarto domingo de Cuaresma tuvo las características acostumbradas: entrega absoluta de la comunidad al formar una cadena de impresionantes alfombras de aserrín multicolor, flores y hasta una de ellas creada con vegetales y frutas frescas, esta última en honor a la memoria de un expresidente de la Hermandad, Pedro Velásquez. Con esta desbordante entrega, en un auténtico estallido de color, fe y amor, los vecinos reciben, a cada paso de 60 cargadores, el lento avance del Nazareno que emerge en la parte alta del anda envuelto en una nube de aromático incienso y teniendo al fondo, en escena indescriptible, al majestuoso volcán de Agua.

Este año, sin embargo, hubo un componente que amplía la incidencia de esta antigua imagen consagrada en la promoción de la fe católica y el valor cultural y religioso de la aldea y de toda la colonial ciudad. Los 40 integrantes -en su mayoría jóvenes profesionales- de una banda de música sacra de Sonsonate, El Salvador, se integró a la banda que normalmente acompaña el cortejo y que dirige el maestro Carlos Enrique Gómez Figueroa.

“Ellos quisieron colaborar y solicitaron participar. Hicimos los arreglos, porque han alcanzado un alto nivel y eso permitió que este año el Nazareno de Santa Ana fuera acompañado por una banda binacional integrada por 80 músicos”, explicó Gómez. Esta es la primera vez que participan, pero prometieron volver en 2019.

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