Acción del Gobierno para atender a damnificados reúne de nuevo a dos amigos que se separaron al huir de la trágica erupción

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Rodrigo Pérez/Foto: RP

Escuintla, 7 ago (AGN). Durante la erupción del volcán de Fuego, el 3 de junio, dos niños que tienen una fuerte amistad huyeron por sus vidas, cada uno al lado de su familia. Al pasar los días y las semanas se creyeron, mutuamente, muertos.

Ambos vivían en San Miguel Los Lotes y estudiaban en la escuela de la devastada comunidad.

Junior Eliseo fue albergado en Escuintla y Rolan en San Juan AlotenangoSacatepéquez. “Pensé que había muerto”, dice el primero al referirse a su amigo con quien jugaba todas las tardes futbol en el campo de San Miguel Los Lotes y también en la escuela.

La tragedia los golpeó a los dos. Eliseo perdió a dos primos. Mientras que Rolan a dos hermanas, un hermano, su abuela y una sobrina.

“Como mi abuela tenía 87 años, ya no podía correr, y mis hermanos por no dejarla se quedaron con ella”, cuenta el niño.

 El reencuentro

Volvieron a verse cuando el Gobierno de Guatemala empezó a trasladar a las familias albergadas a los Albergues de Transición Unifamiliares (ATU), ubicados en la finca La Industria, en Escuintla.

“Lo volví a ver cuando vine a las casitas de madera. Solo bajé del bus y lo fui abrazar. Le dije que fuéramos a jugar a unos columpios y un subibaja” que había en su nuevo hogar temporal, recordó Rolan.

Las acciones del gobierno liderado por el presidente Jimmy Morales para apoyar a los damnificados por la erupción del coloso también los ha vuelto a juntar en el lugar de estudios.

Los dos asisten a clases en los módulos ubicados en un anexo de la finca La Industria, a donde fueron trasladados hace dos días los estudiantes de preprimaria, primaria y básicos directamente afectados por la erupción del volcán de Fuego.

En ese centro de estudios su amistad sigue fortaleciéndose. Ahí juegan nuevamente futbol y después de clases se van a un riachuelo que corre a unos metros de los módulos donde reciben clases e intentan agarrar, sin suerte, unos pequeños peces. Son vivencias sencillas, pero que marcan su vida a través de la amistad como parte de un tejido social que comienza a recuperarse tras el espanto y el dolor.

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