EL PAIS

Cuando fue sustituido en el último derbi, los silbidos de la grada con los que fue despedido indicaron que Antoine Griezmann había tocado fondo. La bronca de una hinchada tan reacia a ir contra los suyos, alimentada por sus jugueteos veraniego reavivados en otra reciente entrevista en Francia, reforzó la reunión del gabinete de crisis que se convocó en el Atlético días antes. El director deportivo Andrea Berta, Diego Pablo Simeone y Miguel Ángel Gil, máximo accionista del club se reunieron con el jugador francés para medir su grado de compromiso. Fuentes del club aseguran que en esa charla hubo menciones al respeto que un jugador le debe a la entidad que le paga y a la pérdida de perspectiva y de realidad.

La citada conversación y las variantes tácticas adoptadas por Simeone han revitalizado a un futbolista al que empezaba a darse por perdido. Desde entonces, Griezmann ha marcado cuatro goles y ha estado más activo en el juego ofensivo del Atlético. La primera medida tomada por Simeone se dio en el partido contra la Roma, donde ya jugó con un delantero de referencia al lado, Fernando Torres. Griezmann venía de registrar estadísticas muy preocupantes contra el Real Madrid, las peores en lo que iba de campeonato. Aislado en la punta por el planteamiento de su técnico que le situó como único delantero, sus registros fueron de cero remates a puerta, solo entró en contacto con el balón en 16 ocasiones y sus pases se redujeron a 12. Jugar con un delantero más puro contra la Roma provocó que la actividad de Griezmann ante la Roma se multiplicara. Tocó la pelota en 49 ocasiones, dio 38 pases y anotó un gol en tres remates a puerta. Semanas antes, su técnico ya había admitido que la figura de su equipo jugaba mejor con un nueve al lado.

En su recién biografía publicada, Antoinne Griezmann, detrás de una sonrisa, el propio futbolista explica su preferencia por jugar con un nueve de referencia. En los octavos de final ante Irlanda, Francia perdía 0-1 al descanso bajo el 4-3-3 diseñado por Deschamps. Griezmann figuro de extremo. Al descanso, el seleccionador francés mutó el dibujo. “Pasamos a un 4-2-3-1 con Antoine por el centro”, anunció Deschamps. “Me dije que eso era bueno. Que ahora me tocaba a mí jugar. Pasé al centro con Oliver Giroud, alrededor del cual podía girar”, escribe Griezmann, que marcó de cabeza el empate y el 2-1 en apenas dos minutos, del 58 al 60 “En el segundo gol, el trabajo de Giroud fue esencial. Con su gran estatura imanta los balones y a los defensores, y de ese modo me libera los espacios. Es un punto de apoyo de gran valor”.

Mejor retrasado

Si contra la Roma se vio a un delantero más intervencionista, contra el Levante Simeone dio otra vuelta de tuerca a su posición. Le hizo jugar más retrasado, primero por la derecha, después por la izquierda y luego en el medio, siempre con Correa y Gameiro. “Entendíamos que el planteamiento del rival, nosotros con dos delanteros rápidos como Gameiro y Correa, y con Griezmann retrasado y a la derecha nos daría mejor asociación ofensiva, buenos controles de él hacia dentro y buena visón para encontrarles. Después paso a la izquierda, donde es un jugador más estructurado, y luego al medio para jugar entrelíneas”, explica Simeone. En ese partido con el Levante, las estadísticas se dispararon de nuevo para describir una mayor influencia. Tocó el balón 76 veces, dio su número de pases más alto de toda la temporada (58) y marcó dos goles. “Tengo que ser un matador del área cuando lo que me gusta es lo colectivo A mí me corresponde hacer que cohabiten los dos aspectos. Puedo quedarme 30 minutos sin tocar el balón. Si veo que el equipo necesita que esté más disponible, bajo un poco, aunque al entrenador no le guste. Lo que me interesa es hacer daño a la defensa. Quiero sentirme bien en el terreno de juego, que me dejen tranquilo”, relata Griezmann en la biografía, donde añade: “¿Me piden que defienda? Ningún problema mientras pueda hacer lo que quiera adelante”.
Contra la Real, Simeone mantuvo a Griezmann retrasado de inicio. Lo volvió a meter en punta a partir del minuto 20 y volvió a retrasarlo por derecha, por el medio y por izquierda en el segundo tiempo. Tocó 52 balones, dio 40 pases e hizo el gol que terminó por reconciliarle con la hinchada.

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