Por Andrés Sciapichetti (Colaborador de Prensa Latina)

Buenos Aires, 6 sep (PL) La selección argentina sigue aún lejos de asegurar el pase para el Mundial 2018, al sumar dos empates por eliminatoria, serie que marcó el debut en competencias oficiales del nuevo entrenador, Jorge Sampaoli.

 

Una igualdad sin goles en Montevideo ante Uruguay, y el 1-1 ante Venezuela como local, le ponen cifras a una ecuación que sigue dejando a la albiceleste en el quinto lugar de la tabla, zona de repesca.

Aclaración importante antes de profundizar sobre lo hecho por la selección argentina: En una situación normal deberíamos hacer la salvedad de estar frente a un ciclo que se inicia, pero dadas las circunstancias, eso no vale como atenuante.

Se sabía de antemano que cambiar de entrenador faltando cuatro fechas para el final de la competencia era algo así como tirarlo a jugar un mini certamen, sin margen de error. Esto lo entendía todo el mundo, hasta Sampaoli.

Por eso es que ahora no se puede utilizar como excusa, y está en juego nada menos que el pasaporte a la Copa del Mundo.

Sin embargo siempre vale recordar que es improbable lograr un funcionamiento coordinado, cuando no se tiene rodaje y constancia en el tiempo.

Dicho esto, hay que empezar a analizar lo que ha dejado este nuevo modelo de selección argentina, con algunas cosas nuevas y otras que se repiten de etapas anteriores. Tanto vicios como virtudes.

Cabe decir que los dos partidos (ante Uruguay y Venezuela) fueron bien distintos, si bien terminaron empatados.

En Montevideo, Argentina tuvo un flojo primer tiempo, mejorando en el complemento. En Buenos Aires en cambio, arrancó muy bien, pero perdió el rumbo en la segunda etapa.

En este primer tiempo ante Venezuela, la albiceleste contó con 10 situaciones de riesgo, muchas de estas generadas por desbordes desde el sector izquierdo de Angel Di María, mientras estuvo en cancha.

El jugador del PSG tuvo que ser reemplazado a los 25 minutos por una lesión muscular. Una postal ya reiterada (al margen de haber tenido su reemplazante -Marcos Acuña- una actuación destacada).

Otra cosa que no es nueva es la falta de efectividad, ahora expuesta al detalle.

Una decena de situaciones de gol (algunas mas claras que otras) es un desperdicio que no se puede admitir para un seleccionado urgido como el argentino, más aún enfrentando a un rival ya sin chances de clasificación.

En el segundo tiempo se vió lo peor de la Argentina. Perdió la linea cuando sufrió el gol de la Vinotinto, y sufrió el gol porque defendió mal. Cada cosa a consecuencia de la otra.

En primer lugar, la defensa de tres quedó muy expuesta y eso que Venezuela no atacó tanto. Cuando una linea de tres parece vulnerable generalmente no es por culpa de estos tres del fondo.

El mediocampo debe tener la contención necesaria para eso (aún en partidos como este donde el cuadro albiceleste tenía que jugarse al ataque asumiendo riesgos).

Sin embargo, una defensa de tres merece (a nuestro entender) carrileros que puedan equilibrar en la marcación, oficio del que están muy lejos Di María y Lautaro Acosta, quienes arrancaron en esa función.

Insistimos: Venezuela no se animó tanto, pero cuando lo hizo, puso en problemas a la defensa argentina.

Aunque el equipo local empató el juego con cierta rapidez, (buen desborde de Acuña y gol en contra de Fletcher) nunca tuvo la claridad necesaria para ganarlo.

Messi volvió a ser el de mejor desempeño (casi una obviedad, siempre que Leo esté en cancha seguramente será el más destacado) pero no al nivel determinante en el que se lo necesita.

Mascherano jugó en la defensa. Tuvo algunos quites destacados y hasta aportó un gran pase a Icardi, pero en el gol de Venezuela quedó muy lejos en el inicio y en la definición de la jugada.

En resumen: falta de efectividad, poca solidez defensiva y carencia de ideas ante la adversidad. Argentina sigue en el quinto puesto, gracias a las caídas de Chile y Paraguay. Pero aún le falta mucho a este equipo de Sampaoli. El tema es que sólo quedan dos partidos.

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