Redacción AGN/Fotos: Sesan

Ciudad de Guatemala, 23 ago (AGN).- El 78 por ciento de los hogares de Guatemala, El Salvador y Honduras, los tres países que integran el Triángulo Norte de Centroamérica, reciben remesas familiares del exterior cada mes, según el estudio Seguridad Alimentaria y Emigración: Por qué huyen las personas y su impacto en las familias, presentado este miércoles por la OEA en Washington.

Según el estudio, en los casos de emigración exitosa, el 78 por ciento de los hogares en el país de origen dijeron recibir remesas mensuales, que para el 42 por ciento eran su única fuente de ingresos fijos.

Más de la mitad del dinero es utilizado para comprar alimentos, seguido por inversiones en la agricultura, compra de tierras y animales, así como en pequeños negocios.

Las remesas también son invertidas en educación y salud. Uno de los principales impactos de las remesas es la mejora del bienestar familiar, especialmente la dieta y el consumo alimenticio.

En la entrega del documento que aporta evidencia clave para ayudar a la formulación de políticas y programas en América Latina, participó el secretario de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Guatemala, German González.

El informe también destaca el vínculo entre la inseguridad alimentaria y nutricional, así como la migración, describe los principales factores que desencadenan la decisión de las personas de abandonar su país, como la pobreza, la violencia y la variabilidad climática, según un comunicado divulgado por la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan).

Este estudio concluye en que una de las razones por las cuales las personas huyen de sus países es la falta de alimento y pone en evidencia las consecuencias que esto trae para las familias de los países centroamericanos.

“En la búsqueda de la interrelación de la seguridad alimentaria y nutricional con la problemática migratoria de los países centroamericanos se encuentra que ambos problemas son multidimensionales, dijo González.

Agregó que la diversidad de causas estructurales y la inseguridad alimentaria conlleva problemas de desarrollo, lo cual hace pensar que limita las oportunidades de crecimiento económico y que con la migración se hacen viables los flujos de remesas para las familias vulnerables.

El funcionario aseguró que Guatemala reconoce los esfuerzos de la cooperación internacional en presentar esta versión renovada del estudio, en la cual se confirma que hay una interrelación significativa entre los últimos años de sequía, inducida por el fenómeno de El Niño y el aumento de la migración regular hacia los Estados Unidos de América.

Indicó que el estudio revela que las tendencias de la migración muestran una población más joven y vulnerable, sobre todo en niños migrantes, obteniendo un incremento de 33 por ciento entre octubre de 2015 y julio de 2016.

González agregó que el Gobierno de Guatemala, durante la gestión de Jimmy Morales, realiza esfuerzos para la implementación del Plan de Respuesta para la Atención del Hambre Estacional, pero también se trabaja a largo plazo para prevenir la desnutrición crónica, que en el país afecta al 46,5 por ciento de los niños menores de 5 años.

Dijo que por ello se hace necesaria la participación y el aporte de la cooperación internacional en la solución de los problemas de carácter económico, social, cultural y humanitario.

Además, el desarrollo y el estímulo al respeto de los derechos humanos, a las libertades fundamentales de todos sin hacer distinción de género, idioma o religión.

El titular de la Sesan agradeció al Programa Mundial de Alimentos (PMA), a la OEA, al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a la Organización Internacional de Migraciones (OIM) y al Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y a los donantes por este estudio que, dijo, “seguramente nos unirá para luchar contra ese flagelo”.

El informe es una herramienta útil para fortalecer el diseño de programas y políticas, dirigido a los segmentos de la población más vulnerable, resaltó David Beasley, director ejecutivo del PMA.

La investigación se realizó en el corredor seco de los países del norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) y participaron más de 700 mujeres y hombres, autoridades locales, municipales y voluntarios de las comunidades visitadas dentro de la región.

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