BAB217. BRUSELAS (BÉLGICA), 25/05/2017.- El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump (i), llega en "La Bestia" para la reunión de líderes del Consejo del Atlántico Norte hoy, jueves 25 de mayo de 2017, en Bruselas (Bélgica). El Consejo del Atlántico Norte, en el formato de los jefes de Estado y de Gobierno, inició hoy su sesión de trabajo en Bruselas subrayando la "unidad" y la protección mutua que se prestan los 28 países aliados. EFE/Etienne Laurent

La Vanguardia/elcomecio.com

Los líderes de las siete democracias más industrializadas del planeta (Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, el Reino Unido, Francia e Italia) se reúnen este viernes y mañana en la pintoresca localidad siciliana de Taormina (Sicilia), entre el mar y el volcán Etna, con una amplia agenda de asuntos a tratar, desde la lucha contra el terrorismo al reto del alud migratorio procedente de África, la estrategia contra el cambio climático, la política financiera y los desequilibrios en el comercio internacional.

En el influyente foro del G7 se da una situación desconocida desde 1981: cuatro de los participantes (Paolo Gentiloni, Theresa May, Emmanuel Macron y Donald Trump) asisten por primera vez, aunque no todos son novatos en la política.

El escenario del encuentro, en el corazón del Mediterráneo central, posee mucho simbolismo para los anfitriones. Italia quiere poner el foco en el problema de la inmigración y en la falta de estabilidad en el norte de África, sobre todo en Libia, pero también en la necesidad de un esfuerzo integral, continuado, para ayudar al desarrollo del Magreb y el Sahel, creando las condiciones para una economía que dé un futuro a los jóvenes, los disuada de dejar sus países y evite su radicalización política. Justo ayer, jueves, volvieron a ser rescatadas en el mar 2.300 personas en 18 operaciones de socorro coordinadas por la Guardia Costera italiana.

Mientras dure la cumbre, los rescatados, por razones de seguridad, no serán trasladados a puertos sicilianos sino del continente.

El escenario del encuentro, en el corazón del Mediterráneo central, posee mucho simbolismo para los anfitriones.

Italia quiere poner el foco en el problema de la inmigración y en la falta de estabilidad en el norte de África, sobre todo en Libia, pero también en la necesidad de un esfuerzo integral, continuado, para ayudar al desarrollo del Magreb y el Sahel, creando las condiciones para una economía que dé un futuro a los jóvenes, los disuada de dejar sus países y evite su radicalización política.

Justo ayer, jueves, volvieron a ser rescatadas en el mar 2.300 personas en 18 operaciones de socorro coordinadas por la Guardia Costera italiana. Mientras dure la cumbre, los rescatados, por razones de seguridad, no serán trasladados a puertos sicilianos sino del continente.

El reciente atentado de Manchester acentuará el interés del G7 por mostrar su firmeza en el combate al terrorismo. Se corre el peligro, no obstante, de que quede relegada la discusión sobre cómo abordar las raíces profundas del fenómeno, el tema de fondo que Italia insiste en plantear.

Algunos analistas independientes presentes en Taormina, como el G7 Research Group –que coordina el Trinity College de la Universidad de Toronto-, recuerdan que esta reunión es importante para ver en qué dirección se mueve la Administración Trump en asuntos como los acuerdos de París –sobre el clima- o el proteccionismo comercial.

Está por ver si el presidente norteamericano será fiel a su dura retórica de la campaña electoral o, por la presión de los interlocutores, se mostrará más realista y dispuesto a rectificar.

El comunicado final –aunque no implica obligaciones de implementación- dará la medida del rumbo de Washington, de si el lema ‘America first’ se aplica a rajatabla o queda relativizado, de si el G-7 doma la pulsión unilateralista del magnate que ocupa la Casa Blanca.

La canciller alemana, la democristiana Angela Merkel, es la veterana de las reuniones del G7. No sólo por ello, sino también por sus posiciones moderadas (no hay que olvidar que encabeza desde hace años una gran coalición con los socialdemócratas), ejercerá un oficioso liderazgo moral.

En una votación informal entre expertos del G7 Research Group celebrada ayer en el hotel que alberga la prensa, Merkel fue considerada la “líder en la sombra” del selecto club.

Mucha atención recae también en Macron. El tándem francoalemán puede ser decisivo en el desenlace de la cumbre.

El origen del G7 se remonta a 1975. Fue una invención del entonces presidente francés, Valéry Giscard d’Estaing, y del canciller alemán, Helmut Schmidt.

Ambos eran amigos y jugaban al ajedrez, pero también desempeñaron un liderazgo constructivo y eficaz. Se trataba de reaccionar bien, de modo coordinado, multilateral, a la gran crisis del petróleo de los años precedentes que hizo tambalear las economías occidentales.

Terminada la guerra fría, el club se amplió a Rusia, convirtiéndose en G8, pero el gigante euroasiático quedó relegado tras la anexión de Crimea y la crisis de Ucrania. Con todo, el primer ministro italiano, Gentiloni, visitó Moscú y Pekín recientemente para conocer las opiniones de sus dirigentes y tenerlas en cuenta en Taormina.

El G7 puede parecer retórico y poco operativo, pero la experiencia demuestra que promueve una agenda que luego otros organismos asumen y aplican con medidas más prácticas. Empezó siendo un club básicamente en defensa de la democracia liberal y las economías abiertas. Ahora su radio de acción se ha ampliado mucho, haciendo más complejo el consenso, pero el mundo aún escucha con atención lo que tiene que decir.

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