A picture taken on February 27, 2017 shows historian Mikhail Melnichenko, 33, displaying pages from a Soviet-era diary during an AFP interview in Moscow. An enthusiastic group of young Russian historians and volunteers publishes hundreds of never-before-seen Stalin-era diaries on a website called Prozhito, or Lived Through. The site was launched in 2015 and can be searched using the day, author or a keyword. It already includes more than 600 never-published journals. / AFP PHOTO / Natalia KOLESNIKOVA / TO GO WITH AFP STORY BY Anna MALPAS

Moscú, Rusia | AFP | lunes 27/03/2017 

por Anna MALPAS

Tatiana Panova sostiene una fotografía tomada en 1923 de su tatarabuelo, un estudiante soviético como cualquier otro con un brillante futuro por delante, pero que murió 16 años después en un campo de Siberia, víctima de las purgas estalinistas.

Tatiana, de 25 años, consiguió establecer un vínculo con el hombre, Alexander Yakovlev, fallecido medio siglo antes de que ella naciera, gracias al diario que dejó y que su familia conservó con celo.

“Es muy extraño”, confía. “Es una persona que vivió hace 100 años…”.

Tatiana admite que por momentos le pareció “un poco aburrido”. “¡Escribe con detalle, cada día, a qué hora se levanta o se acuesta!”.

El ingeniero eléctrico también daba cuenta de sus deudas, su conflictiva relación con su novia del momento y sus actividades deportivas.

Por ello, un grupo de historiadores jóvenes se ha interesado por el diario de Alexander Yakovlev, así como por otros de sus coetáneos, y han previsto copiarlo y publicarlo en línea.

“Todos los diarios personales tienen valor”, explica a la AFP uno de ellos, Ilia Veniavkin, de 35 años.

“No crean que el diario de vuestro familiar no tiene interés porque no fuera un intelectual famoso o un cantante, o porque no hubiera vivido la muerte de Stalin o la coronación de Nicolás II”, dice.

Con varios colegas, participa en el proyecto Projito (“Lo que se vivió”), fundado en 2015 por el historiador Mijail Melnichenko.

A este profesor de universidad de 35 años le llegó la inspiración tras haber publicado un libro sobre bromas soviéticas, para el que recurrió a los diarios personales como principal fuente.

En dos años, Projito ya ha recogido más de 600 diarios íntimos rusos inéditos del periodo estalinista, transcritos por cerca de 350 voluntarios y publicados en línea.

Una vez al mes, algunos de los historiadores y voluntarios implicados se reúnen para hablar de los diarios. La mayor parte está en la veintena y utilizan ordenadores y teléfonos de última generación para estudiar los amarillentos documentos, ahora digitalizados.

“Es una suerte de cambio social”, analiza Ilia Veniavkin, que destaca que cada vez más rusos se interesan “de repente” por estos diarios íntimos, que contienen “todos los detalles de la vida de personas que, a veces, no tienen ningún lazo” con ellos.

– Un acto peligroso –

Los diarios, escritos a mano, a menudo resultan difíciles de descifrar, como ocurre con el de Alexander Yakovlev.

Aún así, la repetición de ciertos temas ayuda a los voluntarios: muchos diarios contienen poemas o hablan profusamente de acontecimientos culturales, como el estreno de una película o la inauguración de una estatua. El hambre y la vida en los hacinados apartamentos de la época también son temas frecuentes.

“En los años 1920, los diarios personales eran bastante ‘sinceros’ porque la gente no sabía lo que iba a ocurrir en los años 1930”, explica Mijail Melnichenko.

Pero más tarde, algunas páginas fueron arrancadas o emborronadas con tinta negra. En el momento álgido de las purgas estalinistas, apodados los “años del terror”, de 1935 a 1939, toda crítica contra el régimen podía costarle al autor su arresto o su ejecución.

En el diario de Lev Nikolaiev, el 18 de enero de 1937, pude leerse: “No pasa un día sin que sepa del arresto de un comunista conocido (…) Arresto tras arresto… ¿qué significa esto?”.

Pero “a veces, tenemos la impresión de que los diarios de los años 1930 fueron escritos a sabiendas de que el lector podía ser malintencionado, por lo que si el diario caía en manos de un investigadores, este habría creído en la lealtad absoluta de su autor”, señala Melnichenko.

“En general, las personas que escribían diarios eran conscientes de que esto era más bien peligroso”, abunda Ilia Veniavkin.

El historiador pone como ejemplo el diario de un adolescente cuyos padres fueron detenidos durante los años del terror: solo escribe tres líneas sobre el momento en el que la policía secreta estalinista, el NKVD, acude a buscar a su padre. Cuando le llega el turno a su madre, el adolescente se limita a escribir: “Fue más fácil que la última vez”.

“Enfrentamos el silencio”, cuenta Ilia Veniavkin. “No debemos interpretar lo que ha escrito sino lo que parece evidente y sobre lo que él ha guardado silencio”.

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