A Syrian-Kurdish woman models traditional Kurdish attire during a fashion show in the northeastern Syrian city of Qamishli on March 10, 2017, which coincides with the Day of Kurdish Clothing. Such outfits would not have been seen in public in Syria's Kurdish regions in years past, under restrictions on the minority that also banned their language and denied them Syrian nationality. But after Syria's uprising began in March 2011, the government first relaxed some restrictions and then in 2012 withdrew most of its forces from Kurdish-majority areas in the country's north. / AFP PHOTO / DELIL SOULEIMAN / TO GO WITH AFP STORY BY DELIL SOULEIMAN
Qamishli, Siria | AFP | miércoles 15/03/2017 – 

Con un vestido irisado, Efin Hisu avanza por la pasarela al son de la música en el primer desfile de moda kurda de Siria, un escaparate del renacimiento de estas prendas tradicionales.

Efin viste distintos tejidos combinados con elegancia: una larga túnica color siena con mangas anchas que caen en punta sobre sus puños y se bambolean cuando mueve los brazos. Por encima chaqueta negra bordada con hilo de oro. La cabeza y los hombros van tapados con un velo negro, blanco y amarillo sujeto con una corona dorada.

Antes de 2011, este tipo de ropa tradicional sólo se vestía en el interior de las casas de las regiones kurdas de Siria, donde la minoría estaba sometida a restricciones, como la prohibición de hablar su idioma.

Con el comienzo de la revuelta contra el régimen de Bashar al Asad en marzo de 2011 se levantaron las restricciones. Y en 2012, Damasco retiró la mayoría de sus fuerzas de las regiones habitadas sobre todo por kurdos, en el norte.

La comunidad kurda, que representaba el 15% de la población siria antes de la guerra, aprovechó la ocasión para vivificar su lengua y su cultura.

“Es el primer desfile de este tipo”, se congratula Medea Ako, que participa en la organización del evento en la ciudad de Qamishli (nordeste).

“Nuestro objetivo es poner fin a la marginación de las prendas kurdas y presentarlas a la sociedad y al mundo”, añade la mujer de 25 años.

“Antes de la revolución siria, ni siquiera podíamos decir que éramos kurdos. Pero ahora la situación es diferente, puedo ponerme mi ropa y hablar kurdo en nuestras calles y ciudades”, declara.

El desfile de moda coincidió con el día de la ropa kurda, que se celebra el 10 de marzo desde hace varios años en el vecino Kurdistán iraquí.

– ‘Como una reina’ –

“Algunos creen que las prendas kurdas realzan la belleza. Yo me siento como una reina cuando me las pongo”, declara Medea.

En el desfile, auspiciado por un partido político local, participaron 15 mujeres y siete hombres. El broche final lo puso el traje de novia: un vestido rojo combinado con velo diáfano del mismo color y collar de oro.

Los espectadores recibieron a los modelos con aplausos, o grababan el desfile con sus teléfonos.

Al final del evento, Efin y otros modelos se pasearon por el barrio, sin quitarse la ropa tradicional.

“Estamos muy contentos con este día, con haber podido vestir nuestras prendas tradicionales kurdas y pasearnos por las calles de Qamishli para celebrar esta jornada delante de todo el mundo”, resumió Efin.

Tradicionalmente las mujeres se ponen un vestido de mangas puntiagudas, a veces sobre un pantalón ancho, y un abrigo bordado. Añaden brazaletes, collares, piercings y cinturones dorados y plateados, todo ello a juego con las sombras de ojos y el pintalabios.

El atuendo masculino es más sencillo. Se compone de un pantalón bombacho sujeto con un cinturón colorido, y una banda enrollada en la cabeza.

– Clientes en Europa –

Antes era poco común ver prendas kurdas en las vitrinas de los comercios. Los sastres y las costureras trabajaban desde casa, lejos de la mirada de las autoridades.

Ahora la situación es distinta. Cuentan con una fuerte demanda, sobre todo cuando se acercan las festividades del Año Nuevo kurdo, Noruz, el 21 de marzo.

“Hay una subida de la demanda de ropa kurda desde la revolución”, explica Sami Musa, un sastre de Qamishli.

“Fabricamos quizá 100 por mes -dice- especialmente en primavera, mientras que antes (de la guerra) no hacíamos más de 10”.

El precio de los vestidos oscila entre las 40.000 y las 80.000 libras sirias (80 a 160 dólares).

En el pasado “se fabricaban en secreto”, explica Raed Yusef, un sastre de 38 años, delante de su máquina de coser.

“Ahora tenemos clientes en Europa, a los que enviamos las prendas. Incluso hice recientemente un albornoz tradicional para una novia”, declara, orgulloso.

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