US President Donald Trump signs an executive order entitled “Comprehensive Plan for Reorganizing the Executive Branch” in the Oval Office at the White House in Washington, DC, on March 13, 2017. / AFP PHOTO / NICHOLAS KAMM
Paris, Francia | AFP | martes 14/03/2017 – 

El presidente estadounidense Donald Trump, a menudo acusado de proteccionista, es también considerado un mercantilista por los economistas que no dudan en remontarse al siglo XVII para hallar las influencias originales de su política económica.

“Desde un punto de vista comercial, sí, su visión es mercantilista, pero un mercantilismo reacondicionado” explica a la AFP James Galbraith, profesor de economía de la universidad de Texas, aludiendo a la ambición de Trump de reequilibrar la balanza comercial de su país.

El presidente estadounidense se ha fijado como objetivo reducir el déficit comercial de su país, y no duda en acusar a los países que venden muchos productos a Estados Unidos, pero le compran menos.

China, calificada por Trump de “mayor ladrón de la historia” durante su campaña electoral, encabeza esta lista negra, en la que también figuran México y Alemania, cuyos superávits comerciales baten récords.

Para ello, el presidente estadounidense esgrime varias amenazas, como imponer fuertes tasas aduaneras a las importaciones.

“Precisamente, el mercantilismo consiste en favorecer las exportaciones y en proteger las fronteras para limitar las importaciones y evitar que la riqueza abandone el país” subraya Eric Berr, profesor en la universidad de Burdeos.

En los reinos donde se aplicaron las recetas mercantilistas, como la Francia de Colbert, pero también España o Inglaterra, “la economía debía estar al servicio del rey”, recuerda.

“Mantener la riqueza en el país servía para financiar un ejército, lo que permitía conquistar otros territorios y asegurar su defensa”, añade Berr.

A la cabeza del Consejo de Comercio Nacional, una oficina creada recientemente y dependiente de la Casa Blanca, Peter Navarro mantuvo recientemente este mismo tipo de lenguaje: “Por razones económicas y de seguridad, es importante reequilibrar el comercio estadounidense”, afirmó.

“Cada vez que hay proteccionismo, la tendencia es, viendo las cosas desde lejos, decir que se trata de mercantilismo” constata Jean-Yves Grenier, director de investigación de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Ehess), especializado en la historia de las ideas económicas.

China, por ejemplo, ha sido a menudo presentada como mercantilista estos últimos años por haber desarrollado su industria favoreciendo las exportaciones y limitando las importaciones. En sus discursos, Trump desea lo mismo para su país.

– Trump “no es un rey” –

Para Grenier, Trump es mercantilista cuando amenaza a industriales —entre ellos los constructores de automóviles— con aplicar medidas de represalia si deslocalizan sus fábricas a otros países, para producir más barato.

“Es una idea totalmente mercantilista” que consiste en implementar “una política económica muy ofensiva para mantener el trabajo en el territorio nacional”, dice Grenier.

“Los mercantilistas quieren una balanza comercial positiva” y por tanto “una balanza-trabajo positiva, es decir, hacer trabajar a más gente en el país que en el exterior” explica.

El interrogante es saber si esta política económica, que inspiró las épocas pre-liberales, puede ser exitosa 200 años más tarde. “No”, responde con claridad Galbraith.

“El presidente de Estados Unidos no es un rey y sus medidas no van a prolongarse durante décadas”, alega.

“Y para convencer a las empresas que inviertan en la producción en Estados Unidos, Trump debe convencerlas de que sus medidas van a perdurar” dice. Si no es así, corren el riesgo de quebrar el día en que “las tasas aduaneras sean reducidas o suprimidas” explica Galbraith.

Más aún, en el comercio globalizado de hoy, los productos chinos sometidos a tasas podrían ser reemplazados por otros, procedentes de países como Vietnam o Tailandia, que podrían eludir el obstáculo de las barreras aduanera de Estados Unidos, advierte Galbraith.

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