Vanesa Tagle


Santiago de Chile, 31 ene (EFE).- La reciente muerte en Chile de dos voluntarios de Bomberos ha dejado al descubierto los riesgos a los que se enfrentan los 48.000 miembros de esta institución, buena parte de los cuales lucha estos días por sofocar la mayor catástrofe incendiaria de la historia del país.

Durante el entierro del bombero Hernán Avilés, de 35 años, su madre increpó a la ministra portavoz de Gobierno, Paula Narváez: “¡Ya está bueno de andar mendigando monedas en la calle!”, le dijo.

El Cuerpo Bomberos de Chile nació en 1863, tras un trágico incendio que asoló la ciudad de Valparaíso.

Un grupo de voluntarios formó entonces el primer cuerpo de bomberos del país y con ese mismo espíritu hoy luchan por mantener su estatus y, al mismo tiempo, obtener los recursos necesarios para adquirir el equipamiento que les permita enfrentar las emergencias.

Su financiación procede en parte de recursos entregados por el Estado, mediante la Ley Marco de los Bomberos, promulgada en el 2012, y de lo que recaudan en distintas actividades, así como de las cuotas mensuales que pagan los mismos voluntarios.

Dentro de la ley de presupuesto 2017, la partida relacionada con los recursos para los bomberos asciende a 36.000 millones de pesos (56 millones de dólares), por debajo de lo destinado en 2016, que fueron 42.000 millones de pesos (65 millones de dólares).

El presidente de la Junta Nacional de Cuerpo de Bomberos, Miguel Reyes, explicó a Efe que “del presupuesto asignado, el 85 % corresponde a los gastos operacionales de los bomberos y el resto, al pago de los funcionarios de los cuarteles”, grupo del que están excluidos los voluntarios.

También existen las subvenciones de los municipios a los bomberos que les prestan servicio. Así por ejemplo, la recientemente devastada localidad de Cauquenes, en el sur de Chile, les entregó el pasado 27 de enero diez millones de pesos (15.000 dólares) para reforzar el combate a los incendios.

La ley establece que en caso de catástrofe, “la Junta Nacional de Cuerpo de Bomberos asumirá la coordinación del desplazamiento a las zonas afectadas de los cuerpos de bomberos que se requieran”. Sin embargo, la norma no asigna recursos adicionales para enfrentar crisis como la que Chile vive estos días.

En caso de muerte o accidente de un bombero durante las labores de extinción, “desde el año 1940 se otorga una pensión de renta vitalicia para el cónyuge, los hijos o los padres”, señala Miguel Reyes.

Este beneficio del Estado también cubre los gastos de hospitalización y los tratamientos médicos necesarios.

Para Francisco Javier Salvador, un empresario español que vive en Chile desde hace varios años y que es voluntario de la Décima Bomba España, “el nivel de profesionalidad de los bomberos chilenos es bastante elevado en comparación con otros países de América Latina e incluso de Europa”.

Sin embargo, reconoce que “las aportaciones del Estado no alcanzan para el mantenimiento del cuerpo”.

“Hay que tener en cuenta que cada voluntario debe adquirir parte de sus propios implementos de seguridad como botas, linterna y radio, entre otros. El cuerpo de bomberos solo entrega el pantalón y la chaqueta”, explica a Efe.

A este voluntario español le parece bien que los ciudadanos colaboren en el sosten de los servicios de emergencia, porque Chile es un país muy grande, con pocos habitantes y un presupuesto que no da para tanto”.

Por eso, Salvador opina que “todos deberían tener esa responsabilidad social con la comunidad, con las personas más desfavorecidas”.

También el presidente de la Junta Nacional del Cuerpo de Bomberos se muestra reacio a que los voluntarios cobren un salario.

“Nosotros como bomberos rechazamos categóricamente recibir un sueldo. Nuestra función ha sido voluntaria durante más de 165 años y así lo seguirá siendo”, enfatiza.

En las últimas tres semanas, unos 400.000 hectáreas han sido arrasadas por numerosos incendios que arden en el centro y sur de Chile, una cifra que se eleva a 558.000 si se toma como referencia el inicio de la temporada, en julio pasado.

Unos 7.000 bomberos, brigadistas de la Corporación Nacional Forestal, militares, policías, personal municipal, voluntarios civiles y trabajadores de empresas privadas luchan contra el fuego, apoyados por unas 39 aeronaves, entre aviones y helicópteros.

Las llamas han dejado hasta ahora un saldo de 11 personas fallecidas -dos bomberos y tres brigadistas-, además, 3.782 damnificados, 1.108 personas albergadas y 1.012 viviendas destruidas.

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