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Baber Khan Sahel

Kabul, 22 dic (EFE).- Un perro orinando sobre unos rifles, la mirada penetrante de un niño o unos músicos encaramados a un tanque son sólo algunos del más de centenar de grafitis con los que un grupo de artistas afganos ha disfrazado muros antibombas por todo el país para inspirar y concienciar sobre la violencia que les golpea.

El movimiento “Señores del arte“, como se autodenominan estos grafiteros en un guiño crítico a los señores de la guerra afganos, se nutre del trabajo de 19 hombres y 6 mujeres que remueven conciencias a través de sus murales al estilo del artista británico Banksy.

En los últimos tres años han repartido en cuatro provincias cien murales en los que cargan contra problemas endémicos en el país como la corrupción, la fuga de cerebros o el acoso callejero, una labor que este mes les ha regalado un importante reconocimiento internacional.

Han pintado en el sur, este y oeste y del país, pero la capital afgana, que con los atentados sufridos en los últimos años se ha convertido en símbolo de la inseguridad del país, es su principal escaparate.

“Nuestro primer objetivo ha sido el de restaurar la belleza de la ciudad y darle un nuevo aspecto pintando murales gigantes con mensajes significativos para millones de ciudadanos”, dijo a Efe el cofundador del movimiento, Omaid Sharifi.

El artista cuenta que la capital afgana se ha convertido en una “prisión militar” que pretenden “desmilitarizar” con sus murales. Su otro objetivo, señaló, es el de “iluminar la mente de la gente para que despierten y se movilicen en la lucha contra la corrupción”.

Aunque los kabulíes ya se han habituado a su trabajo en los muros antibombas, en sus comienzos los grafitis causaron un gran impacto.

“Los miraban con preocupación y preguntándose qué estaba pasando, hoy valoran nuestro trabajo e incluso cientos de ellos se han unido al movimiento y colaboran ayudándonos a terminar los grafitis o limpiando los muros”, relató el artista, que ahora quiere pintar en otras diez ciudades del sur y este de Afganistán.

Para ello, cuentan con el beneplácito de buena parte de la población y de las autoridades afganas.

“Realmente han cambiado el aspecto feo de la ciudad gracias a sus murales bonitos, con mensajes poderosos y que llaman la atención de los viandantes”, dijo a Efe un oficial de la Policía de Kabul, Yusuf Tofan, frente al grafiti en el que aparece un niño transportando un gran corazón.

Pero, a juicio del “señor de arte” Nazir Farhang, sus proyectos van más mucho más allá de la mera estética.

“Queremos transformar la mentalidad de la gente habituada a la guerra hacia la paz y al amor. Es una alfabetización visual en un país donde un gran porcentaje de gente es analfabeta”, aseveró a Efe el grafitero.

Y parece que el mensaje ya ha comenzado a calar entre los afganos, ayudándoles a cambiar el foco de sus tan habituales conversaciones sobre matanzas y atentados.

“Cuando estamos en las calles trabajando en las obras un hombre viene y dice tengo tiempo y te ayudaré a pintar; otro dice te compraré un bote de pintura”, relató un orgulloso Farhang, si bien lamentó que el trabajo les expone todavía más a los ataques terroristas.

Al pasar por la sede del Ministerio de Cultura e Información, casi todos los viandantes se detienen a contemplar un grafiti gigante que muestra a un niño preguntándole a su padre de dónde sacó el dinero para comprar un coche nuevo: un mural que pone el foco sobre la corrupción que impera en el país.

“Viéndolo me siento más comprometido y honesto en relación a mi trabajo, creo que hará que la gente reflexione antes de aceptar un soborno”, aseveró a Efe frente al mural el kabulí Parwiz Arian, un director de mercado.

Gracias a obras como ésta, el esfuerzo contra la corrupción de los “Señores del Arte” ha sido reconocido más allá de las fronteras de Afganistán.

El pasado día 9, el grupo ganó el Premio a la innovación anticorrupción del Gobierno catarí, un galardón que recibieron de manos del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Después de la inseguridad y el desempleo, la corrupción es el problema que más preocupa a los afganos, que anualmente pagan alrededor de 3.000 millones de dólares en sobornos, según datos de la organización Integrity Watch.

Un problema sobre el que estos artistas afganos han puesto el foco y el espray.

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