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Madrid, 27 oct (EFE).- Sentarse es una forma de evidenciar quién es uno. Bajo esa premisa se abren hoy en Madrid las puertas de una exposición dedicada a las maneras de reposar, el mobiliario asociado a ese acto y cómo ello ha marcado tradicionalmente diferencias de estatus, género o han servido de puente entre mundos.

Titulada “Así me siento”, se trata de una muestra organizada por el Museo de América de Madrid con “carácter antropológico” e integrada por 90 piezas, con reposanucas de cerámica (las “almohadas prehispánicas”), sillas o reclinatorios, la mayoría procedentes de sus fondos, con préstamos de otros museos españoles.

“Lo que queremos es mostrar la diversidad cultural, la manera en la que el ser humano se enfrenta a un mismo problema en diferentes partes del mundo y cómo lo resuelve con diversos significados”, explicó hoy a Efe el comisario de la exposición, Andrés Gutiérrez Usillos.

Entre las múltiples connotaciones asociadas a un acto tan cotidiano, resulta especialmente interesante cómo, independientemente del lugar de origen, hombres y mujeres se sientan de diferente forma.

“El concepto de pudor se concentra en muchas culturas en la mujer. En época prehispánica, ellas se sientan con las piernas juntas, dobladas hacia un lado o rectas, mientras que el hombre tiene más libertad para hacerlo con las piernas abiertas mostrando los genitales”, explica el comisario.

Para Gutiérrez Usillos, aunque “fue la cultura occidental la que se que impuso en el mundo entero” y, por ende, sus usos y costumbres, resulta igualmente curioso que, antes incluso de los procesos coloniales, existe “una vinculación del asiento en todo el mundo con el poder”.

“Esas sillas normalmente recogen elementos que acentúan esa idea. Por ejemplo, la representación de felinos en los tronos está muy extendida, ya sea con jaguares en América o tigres en Asia”, comenta.

De cómo se trasladaba la elite da cuenta una silla de manos realizada en Francia en el siglo XVIII. Más engañosa resulta la silla de piedra que se exhibe de la culturaManteña (800-1532 d.C.), de la costa de Ecuador.

Aunque tradicionalmente se ha considerado que servía para que los caciques de la época impartieran consejos, en realidad constituía un receptáculo para contener el cuerpo de un ancestro y solían ser dispuestas en panteones dedicados al culto a los antepasados.

Y es que el asiento podía subrayar la ostentación de poder civil, pero también de conocimiento o espiritual. De hecho, una de las piezas más interesantes de la muestra es un banco chamánico brasileño que servía para invocar el más allá y que procede del siglo XIX, fecha relativamente reciente.

Del siglo XIX procede también otra de las estrellas de la exposición, una hamaca recogida durante una expedición científica al Río Negro, entre Venezuela y Brasil, lo que marca un arco temporal muy amplio con piezas tan antiguas como unas vasijas de Mesoamérica del 200 a.C.

“Así me siento” muestra otros curiosos objetos asociados al descanso de origen netamente prehispánico, como el pamoi, una cinta que los ayoreos, un grupo cultural del Paraguay, enrollaban en torno a su cuerpo para atenuar la tensión de sus piernas flexionadas.

Hasta el próximo 12 de febrero será posible visitar la muestra, que incluye también un área interactiva en la que el visitante podrá comprobar cuán cómodas resultan las hamacas o ponerse en la piel del chamán, sentándose en una réplica de sus tradicionales bancos, en comunión con los espíritus. EFE

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