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Rocío Otoya

Sídney (Australia), 28 sep (EFE).- La cordillera MacDonnell, situada en el corazón del desierto de Australia, se ha iluminado con diseños artísticos y sonidos inspirados en las tradiciones de los aborígenes que habitan esta remota región.

El fenómeno es parte de “Parrtjima – un festival en luces”, en el que se exponen, hasta el 2 de octubre, composiciones gráficas y sonoras a lo largo de unos 2,5 kilómetros de este sistema montañoso de 300 millones de años de antigüedad.

El festival es el primero en el que se utilizan las nuevas tecnologías para exponer una cultura ancestral en su espacio natural.

“La magnitud de la iluminación en la cordillera MacDonnell supera lo imaginable y cuenta la historia en varios niveles, interactiva y personal de los artistas, los ancianos y la comunidad indígena local”, dijo Anthony Bastic, director de AGB Events que organiza el festival junto al gobierno del Territorio Norte.

“Parrtjima”, que deriva del vocablo aborigen “Parrt” (no entendimiento) y significa “iluminación” tanto en el sentido físico como espiritual, incluye una serie de instalaciones en el Parque del Desierto de Alice Springs.

Muchas de las obras artísticas de luces y sonido hacen referencias al llamado “Tiempo de ensueño”, el sistema de creencias aborigen que se refiere la creación.

Una de ellas es la instalación con ilustraciones de escolares aborígenes inspirada en la leyenda de la oruga sagrada “yerepenye”, que es de color naranja, con franjas blancas y puntos blancos y negros.

Este insecto se multiplica en enero con las lluvias y para la comunidad indígena Arrernte, que habita el corazón del desierto australiano desde hace unos 45.000 años, representa una de las principales fuerzas creadoras del lugar donde se levanta Alice Springs.

Según estos aborígenes, las orugas (Yerepenye, Utnerrengatye y Ntyarrlke) llegaron a la zona desde distintas direcciones y se pelearon con otro insecto verde (Irlperenye) en la zona sagrada de Mpartntwe antes de crear las montañas que han sido iluminadas por el Festival.

Otra instalación es “Inti Ljapa Ljapa Irapakalam” (La mariposa que da vueltas y vueltas), una colección de faldas iluminadas que muestra paisajes circulares pintados con acuarelas por reconocidos artistas aborígenes locales como Lenie Namatjira, nieta del emblemático pintor Albert Natmajira.

El recorrido por estas piezas recrea la ruta de las mariposas que emergen en los “songlines”, los senderos marcados por los creadores durante el “Tiempo del Ensueño” al pueblo Arrernte.

También está “Anclado”, un conjunto de trabajos artísticos de los aborígenes de la zona, acompañado de música y sonidos, y proyectado sobre la arena del desierto, en una fusión con el paisaje con la que se persigue simbolizar el retorno del arte indígena a la Tierra.

El evento, que se complementa con una intensa campaña de promoción turística de esta zona desértica, no ha escapado a las críticas de defensores de los animales que denunciaron los efectos nocivos que las luces láser pueden causar en los pequeños ualabíes.

El zoólogo Mark Carter advirtió de que las luces pueden causar estrés a estos marsupiales que se asean, alimentan y aparean durante la noche, justo cuando opera el festival.

“Es un área que ha sido propuesta como Patrimonio de la Humanidad y es el refugio de muchos animales salvajes, incluyendo especies vulnerables que se supone deben ser protegidos, como el ualabí de pié negro de las rocas”, dijo Carter a la cadena ABC.

También expresaron su disconformidad representantes de la comunidad indígena de Alice Springs, como la anciana Doris Stuart, que lamentó que se hayan olvidado algunas de las historias sagradas de la región.

El director de eventos del Territorio Norte, Andrew Hopper, respondió que se han tomado todas las medidas necesarias para evitar daños a la fauna local y que la selección de historias se hizo tras un proceso de consultas con grupos indígenas y propietarios tradicionales de tierras.

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