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Ana Cárdenes

Jerusalén, 1 ago (EFE).- Hay quien desconoce que el rey de España lo es también de Jerusalén, y que la Corona restauró los lugares más sagrados del cristianismo o que religiosos españoles fueron guardas de la Natividad, Getsemaní o la Custodia, hechos que desvela un nuevo libro con siete siglos de historia de España en Tierra Santa.

El proyecto, impulsado por el Consulado General de España en Jerusalén, recoge el papel que el país ha jugado en esta estratégica zona y sus santos lugares desde el siglo XIV y describe la presencia española en la actualidad, en un homenaje a los cientos de religiosos que han dedicado su vida a esta tierra sagrada.

“España tiene una riquísima historia aquí, que ha sido escrita fundamentalmente por religiosos franciscanos durante el siglo XX, en particular cuatro muy importantes, de los cuales uno está vivo: el padre Felix del Buey, que tiene 91 años y que ha resumido en este libro la historia de España en Tierra Santa”, explicó a Efe el cónsul general español, juan José Escobar.

A las setenta páginas de memoria y trabajo de este historiador se suman otros tres capítulos: Personas, Edificios y Tesoros.

El primero de ellos ofrece un retrato de cada uno de los 35 religiosos españoles que hay en la región, muchos de los cuales llevan aquí décadas turbulentas dedicados por completo a la parroquia cristiana local.

El libro recoge sus imágenes y sus vidas, un trabajo del cámara y fotógrafo vasco Mikel Marín y la periodista catalana Anna García que resume su labor, experiencias y trayectoria y que compone la exposición “Vidas comprometidas”, que se ha exhibido en Israel, Palestina, Jordania y ahora recorre España.

Ahí aparecen personajes como fray Artemio Vítores, quien fuera vicario de la Custodia de Tierra Santa más de una década y que llegó a la zona hace casi medio siglo, o fray Justo Altaraz, conocido como “el sempiterno guardián de Belén”, donde llegó cuando esa ciudad era apenas un poblado.

“Estos religiosos son, probablemente, la mejor representación de la Marca España en Tierra Santa”, asegura Escobar.

Han desarrollado, en palabras del subsecretario de Asuntos Exteriores y Cooperación, Cristóbal González-Aller, “una labor humanitaria de primer orden”, especialmente tras desatarse el siglo pasado el conflicto entre israelíes y palestinos, “que ha puesto a prueba la vocación de servicio” de muchos.

El libro da testimonio de “esa labor, callada y abnegada, a favor del prójimo, que vienen realizando nuestros religiosos” y que no siempre es conocida y apreciada en nuestro país, asegura González-Aller, también presidente de la Obra Pía de los Santos Lugares.

A las personas siguen en el libro los edificios, con una guía histórico artística de los principales lugares de culto de Tierra Santa en los que, de una forma u otra, España contribuyó a su restaurar y mantener, desde el Santo Sepulcro de Jerusalén a la Natividad de Belén, pasando por la Tumba de María.

“España ha tenido un papel muy relevante, sobre todo hasta el siglo XIX, en el mantenimiento y en la guarda de los Santos Lugares”, señala Escobar, director de la edición.

En dos ocasiones y con 150 años de diferencia, la Corona española, primero con Carlos V (aunque lo ejecutó Felipe II) y luego con Felipe V, el primer rey Borbón, financió la restauración de la cúpula del Santo Sepulcro, mientras que Fernando VI aportó fondos para renovar el tejado de la Basílica de la Natividad.

El volumen (titulado “España en Tierra Santa” y editado por la Obra Pía y el Ministerio de Asuntos Exteriores español) se cierra con el capítulo Tesoros, que recoge una muestra de los cientos de valiosos regalos que la Corona envió durante siglos a la Custodia.

También se recogen hechos diplomáticos relevantes.

“En el siglo XX cuando las limosnas y donaciones españolas se reducen drásticamente, la historia de España en la región está protagonizada por dos diplomáticos. Uno es el Conde de Ballobar, cónsul general en Jerusalén durante la Segunda Guerra Mundial que evitó que las tropas turcas volasen el Monasterio de San Salvador, hoy sede de la Custodia de Tierra Santa”, dice Escobar.

El otro, a quien está dedicado el libro, es Manuel Allendesalazar, “único diplomático muerto en acto de servicio en Jerusalén, cuando en enero de 1948 la Haganá voló el hotel Semiramis, donde tenía su residencia”, un atentado terrorista en el que murieron unas 25 personas.

Ambos son ejemplo, añade, de “la estrecha relación que a lo largo de la historia han tenido diplomáticos y religiosos en Tierra Santa”, sobre la que este libro arroja una nueva luz.

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