Guatemala: el sabor autóctono del Boj

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Guatemala, 8 abr (PL) Si bien Alemania tiene la cerveza, Rusia el vodka, Italia el vino, Francia el champagne y México el tequila, aquí en Guatemala es típico el Boj.

 

Originaria de la norteña región de Alta Verapaz, esta bebida tiene un significado cultural y espiritual para el pueblo q´eqchí, que la elabora sobre todo para actividades religiosas y festividades autóctonas.

Cuentan los habitantes de ese departamento que su base es el maíz, el cual se mantiene en fuego de leña por tres días. Luego permanece en remojo dos días más y se muele.

Paralelamente se pasa la caña de azúcar por un trapiche, donde dos personas rotan las aspas en orden inverso y otra más en el centro mete la caña entre los cilindros.

El jugo se coloca en un recipiente de barro cocido, luego se vierte en una tinaja también de barro, en donde previamente se colocó en el fondo una base (asiento) de maíz fermentado y jengibre.

Ocho días de fermentación hacen el milagro de un licor color pardo, espeso y ácido.

Si se quiere que el Boj adquiera un sabor más refinado, entonces se muele la caña sin cáscara y se le pone de asiento un compuesto de levadura de pan, galleta de soda y avena, junto a maíz podrido que no se hayala utilizado previamente para fermentar.

El resultado, aseguran, es una bebida de color blanquecino, con espuma como el champagne.

La bibliografía consultada incluye varias historias acerca del origen del Boj. Una dice que existe desde tiempos prehispánicos con la creación del hombre, de acuerdo con la cosmovisión maya.

Según esa creencia, la producción del licor aparece ligada a la creación del mundo, y al igual que con este, también se dieron tres intentos hasta lograr su perfección. En todos, precisa, siempre estuvo como base el maíz previamente fermentado.

Un factor que favoreció con el tiempo la receta final fue la introducción de la caña de azúcar durante la época colonial, la cual se quedó para siempre y aporta un toque distintivo.

Entre las variaciones de la fórmula está el Boj ceremonial y, como su nombre lo indica, se hace fundamentalmente para las actividades religiosas y festividades autóctonas, de ahí que el ritual de su elaboración es sacralizado.

Antes de que las personas lo beban, se deja ante algún santo y se riega un poco en el terreno donde se elabora, como una muestra de bendición del lugar.

Luego, el Boj ya está listo para acompañar celebraciones como el Pa’baanq o día de siembra, bautizos, bodas, cumpleaños y fechas patronales.

Eso sí, hay que tener sumo cuidado pues es una bebida embriagante, advierten quienes ya han experimentado los poderes de su influjo ancestral.